Las calles y edificios de Nueva York exhiben bellos monumentos y estatuas, muchas de figuras femeninas.
Lo que pocos saben es que una sola mujer fue la musa inspiradora y modelo para muchas de estas obras del siglo XX.
Su nombre era Audrey Munson.
Estatuas de sitios de interés como la Biblioteca Pública de Nueva York, el ingreso al puente de Manhattan y el Columbus Circle se crearon a partir de su belleza. En la parte superior de la alcaldía, en el sur de Manhattan, está la mayor de ellas que cuenta con 7,6 metros de altura.
La vida de la modelo y actriz de cine mudo recientemente se convirtió en un libro, escrito por el periodista James Bone.
El título de la biografía muestra que su carrera era cualquier cosa menos ordinaria: "La maldición de la belleza: la escandalosa y trágica vida de Audrey Munson, la primera supermodelo de Estados Unidos" (The Curse of Beauty: The Scandalous and Tragic Live of Audrey Munson, America's First Supermodel, en inglés).
Belleza clásicaMunson vivió muchos años, 104 para ser exactos. Pero murió olvidada en una clínica psiquiátrica en costa este de los Estados Unidos, donde vivió por más de la mitad de su vida, y su tumba ni siquiera tiene lápida.
Nacida en Rochester, Audrey Munson llegó a la ciudad de Nueva York en 1909, cuando tenía sólo 18 años, con el propósito de ser corista.
"Por suerte para ella, Audrey era muy bella, escultural. Medía 1,77 metros, que para una mujer de esa época era bastante alto. Tenía características casi clásicas, con una nariz larga y recta", dijo Bone a la BBC.
Según la biografía, 1915 fue el año de Audrey ya que la mayoría de los monumentos y estatuas que vemos estos días en Nueva York fueron tallados y construidos en esa fecha.
"Los edificios necesitan diosas, figuras alegóricas de mujeres".
Con su cuerpo delgado y alto, rasgos delicados y nariz larga, Munson encajaba perfectamente con lo que buscaban los artistas.
Según el diario The Wall Street Journal, la llamaban la "Venus de América" ya que era comparada con la Venus de Milo, la famosa estatua griega que ahora se encuentra en el Museo del Louvre, en París.







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