La paz puede florecer incluso en aquellos que por décadas se dedicaron a la guerra. Así lo demuestran las 1.051 personas mayores de 60 años que desde el 2003 se han desmovilizado de los diferentes grupos armados al margen de la ley.
Para muchos, estos son los ‘abuelos’ que dejó el conflicto, pero que anhelan que sus nietos –varios apenas los acaban de conocer– no tengan que vivirlo.
Según cifras de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), los grupos paramilitares son los que más desmovilizaciones de personas de la tercera edad registran, con 453. Esto se debe a que, según personas que pertenecieron a esas organizaciones, las autodefensas reclutaban a personas mayores para labores como cocinar o cuidar heridos.Ingresé porque tenía dos niñas pequeñas, no tenía trabajo, mi marido se había ido para Venezuela, no tenía los recursos económicos para darles comida. Vinieron y me dijeron que necesitaban gente para trabajar allá en la zona de cocina, que nos iban a pagar bien”, asegura Otilia Hernández*, quien ingresó a las autodefensas cuando tenía más de 50 años.
Pero tal vez uno de los casos más emblemáticos de personas que abandonaron la guerra tras haber dedicado gran parte de su vida a ella es el de Édinson Gómez, quien hizo parte del Eln durante casi 35 años –la mitad de su vida–, realizando activismo político y participando en enfrentamientos.
Militó en los dos bandos: el Ejército y la guerrilla. Tan pronto terminó su bachillerato prestó servicio militar.
“Cuando volví empecé a trabajar en una empresa como obrero en Cali y ahí se me despertó algo que traía desde muy joven, y es el trabajo en pro de los derechos sociales. En este proceso me involucré en algunos círculos de estudios del Eln”, asegura Édinson.
Luego empezó a tener problemas de seguridad y decidió irse “al monte”.Como parte del frente Comuneros del sur de Nariño, del Eln; fue el encargado de instruir a los nuevos integrantes de este grupo en el componente ideológico. “Me convertí, poco a poco, en uno de los ideólogos”, narra.
De acuerdo con la información de la ACR, de las más de mil personas de edad avanzada que abandonaron el conflicto, 903 ingresaron de manera voluntaria al proceso de reintegración, y cerca del 35 por ciento de estas lo culminaron. Entre esta población se encuentran tanto doña Otilia, desde el 2006, como Édinson, desde el 2009, para quien “la lucha armada perdió su razón de ser”.
“En la guerra nos matamos el pueblo pobre. Los que integran el Ejército y la guerrilla son los hijos de los obreros y los campesinos. Nos matamos para gente que nunca ha cogido un arma”, expresa Édinson.
Según explica Lucas Uribe Lopera, director Programático de Reintegración de la ACR, para esta población se diseñan enfoques especiales, pues el haber hecho parte de un grupo armado ilegal por bastante tiempo marca un impacto en el cuerpo que “acelera los procesos de envejecimiento y es muy importante tenerlos en cuenta”.
Sin embargo, esto no afectó el proceso de Édinson. Incluso, ahora trabaja por la comunidad. Como líder comunitario, acompaña el trabajo del Centro Integral de Promoción de Derechos (CIPD) que funciona en el barrio Mojica de Cali, donde ha gestionado actividades para beneficio de la población.
También lidera un proyecto que busca rescatar a niños y jóvenes vulnerables a las drogas o al reclutamiento de bandas criminales, promueve una empresa de reciclaje y fomenta los deportes.
“Hoy se puede continuar en la lucha ideológica, política y social, pero desde la vida civil”, asegura Édinson.
Eso sí –como comenta doña Otilia–, quien hoy tiene su negocio propio en una zona de La Guajira, hay algo que jamás se podrá reintegrar: “El tiempo perdido con la familia”.
“Quisiera ser más joven para hacer más y más. Pero todavía puedo, porque mi corazón está contento, tengo a mis hijas y a mi nieto. No me acomplejo ni con todo lo que me hicieron”, expresa doña Otilia.
Dejar gran parte de su vida en medio de la guerra podría conducir a la resignación, pero en el caso de Édinson y doña Otilia esto solo llevó a un deseo. Es de esperanza y superación.
Así es su retorno a la sociedad
Con los desmovilizados se elabora un plan de trabajo acorde con el momento de vida de cada uno. En el caso de los mayores de 60 años, se aplica un enfoque diferencial en el que se ofrecen oportunidades de desarrollo productivo no solo al desmovilizado, sino a su núcleo familiar, que “es en definitiva el que apoya a la persona en su vejez”, explica Lucas Uribe Lopera, director Programático de Reintegración de la ACR.
Por ejemplo, durante el proceso se ofrecen oportunidades de educación para los desmovilizados, pero los mayores de 60 años, en ocasiones, se niegan a terminar el bachillerato, por lo que esta posibilidad se traslada a sus hijos o a sus nietos. “Con estas personas se busca, más allá de la inserción laboral, un proceso social que consolide un proyecto de vida diferente, muy soportado en su familia”, dice Uribe.
Con la mayor parte de esta población se aplica también un “enfoque condicional”, que consiste en que la persona recibe un apoyo mensual de 320.000 pesos por cumplir con el 90 por ciento o más de las actividades que hacen parte de su ruta de reintegración.
Estas actividades están relacionadas con proyectos financieros y programas sociales.







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